12 jul. 2014

LA GUARDIA NOCTURNA


 Estoy enfermo, todo me parece maravilloso ¿es así como debe ocurrir no?
Siento la vida, me recorre como si quemara ramas viejas y secas, zarzas, esqueletos de árboles, líneas meridionales y paralelos imaginarios.
Te escribo mientras vuelas. Tengo ganas de llorar sobre ti
Hay una tormenta limpia que tranquiliza y asusta
La invasión ¿sabes cómo se prepara?
Nos ponen en la primera línea. Descubrimos el pecho y lo mostramos a los proyectiles, y a la dulzura de estar atravesados, la dulce sangre en la boca, llena de hemoglobina y sustancias internas.
Los amantes caminan jornadas enteras, cargados con sus pertrechos, que transportan de batalla en batalla.
Los días de barro, las noches de hielo, las primaveras naciendo en los cascos.
Mientras uno duerme otro hace guardia, escuchando los sonidos inquietantes, la oscuridad mira con la profundidad de la tierra, velas el sueño y miras la hora. No hay nada más importante que estar despierto.
A la guardia nocturna se le llama imaginaria, y entre los amantes se dan el relevo, se comunican novedades y el recuento de las existencias. Las horas centrales son las que más desorientan, suceden escenas mágicas, son los restos de realidades rechazadas.
Los pasos no conducen a ningún sitio, sólo a cumplir la misión sagrada. El estómago no entiende la vigilia, se pregunta cuándo empieza su trabajo. Hay una inmensa nada delante, detrás no quieres mirar. El libro no quiere hablar claro, pero sus frases son como olas negras, que van devolviendo los cadáveres de los naufragios, las miradas perdidas desde la playa, los últimos trozos de calor.
El amante dormido respira. Su rostro es de cristal. Amas con la mirada, y te preguntas cómo podrás traducir lo que piensas a la mañana siguiente; eso no ocurrirá, porque todo está guardado en la guardia nocturna, y la luz rompe la idea.
¿Sigues ahí? claro que sigues ahí, conoces mi refugio
prometo enseñarte el laberinto donde nacen las bestias que nos dominan
Debo escribirte con la lejana tecnología, eres tú quien la guía, y quien se posa en mis labios, para rodearme de un trozo de jardín robado al paraíso.
Absorberé tu dolor, siempre regreso al lugar de los hechos, y tomo las muestras delicadamente.

Hay que mirar la cara a lo que queda de nosotros al final el día, reconstruir lo que se mantiene, el resultado del alquiler de nuestras fuerzas y comprobar si realmente hemos sido nosotros mismos, o somos esa pieza que siempre tiene repuesto.

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