5 jul. 2014

EL ACTOR

Ayer estuve con un actor de los que te dejan seco
salió a un escenario con una cerveza y una camiseta de tirantes negros
la mirada entre la luz azul del Zorro, y el eclipse parcial de corazón.
Habló en italiano, o eso creo.
Se puso el contador a cero de las pulsaciones
Había una fuerza oculta que nos unía a su discurso, como esa caída larga desde la infancia.
La parte de Jacques Brel que todos llevamos, esa disposición a dejarnos elevar por la palabra.
Se partió el taburete gastado de la noche, cayeron al charco las monedas del alba.
Las parejas apretaban sus manos, un par de cervezas aplazaron su espuma, el zumbido del aire cargado de electricidad.
Me amaron diez veces en diez minutos.
Habló de una noria compartida, de una noria en soledad, de cómo se ven las luces desde la avería.
Lloraba por dentro, estoy seguro, porque esos ojos rojos no son comunistas, ni de ninguna sangre perdida, sólo eran lágrimas que vuelven hacia dentro.
Ayer estuve con un actor que me quitó el sombrero, ese que se deja sobre el pantano antes de partir.
Se llamaba Alfonso Desentre, le llamé profundidad.

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