11 jun. 2014

EL PESO DEL AMOR



Tenía que ocurrir. La barandilla del Pont des Arts de París, ha cedido al peso de los candados que colgaban los enamorados.

Hay relaciones de hierro, con doble click

Hay relaciones con combinación de números, que se olvidan si no se llevan anotados.

Hay relaciones sobre aguas turbulentas, y otras que hacen puenting.

Hay relaciones que llevan un candado en el bolsillo, con sus nombres y fechas, que cuando se rompen se suicidan tirándose del puente.

Hay candados oxidados, de mala calidad.

Hay candados envueltos en plástico, forzados por ladrones.

Candados pitón que ahogan la propiedad

Relaciones de aguas poco profundas donde se ven las piedras del río.

El amor amarrado, desesperado por soltarse, incapaz de respirar entre tanto cariño metálico.

El empeño por abrazarse en curva, dando una vuelta alrededor del cuello.

Candados soportando el sol de agostos vacíos, la lluvia interminable.

Los candados hablan entre sí, tienen sus clases sociales, en un escaparate fluvial. Unidas en derrocar al régimen autoritario del amor.

París bien merece una caída desde el puente, mientras creemos en nuestra fuerza de resistir todos los días el peso de nuestro amor de ferretería.

El candado de la bicicleta, de la puerta del trastero, de la valla de la obra vigilada, del cinturón de castidad,

Candados de cárceles antiguas, de custodias de propinas, de panteones de cementerio.

El amor lo último que pide es un candado, y un abogado.

El comercio de pícaros, vendiendo candados a parejas que pasean de la mano.

Ocurre con las monedas de las fuentes, con las limosnas de los templos, con las máquinas tragaperras. Deseos de estar encadenados a una jaula abierta.

Volverá la barandilla, y volverán a sujetarse enamorados. Lo harán con bridas, o nudos del ahorcado.

Se darán un largo beso, y tirarán la llave al agua.

En lugar de permanecer abrazados, sin preguntarse hasta cuando.

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