26 abr. 2014

EL SUICIDA



El suicida dudó
entre las distintas formas de muerte.

El tiro le pareció escandaloso,
la soga en el cuello; de western,
arrojarse al vacío; demasiado impactante.

El suicida quería una muerte discreta
que no llamara demasiado la atención.

Pensó en la cicuta, en el arsénico
pero temía que lo confundieran con un cólico.
También en cortarse las venas
y languidecer en la bañera.

Pero no, demasiado clásico.

Valoró el seppuku
pero requería un cómplice que le cortara la cabeza.
Lanzarse a la vía del tren podía dejarle tetrapléjico
y él quería matarse.

Estuvo mucho tiempo estudiando
el modo más eficaz de suicidarse.

Y al fin lo encontró:
siguió viviendo.

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