4 sept. 2013

ÉRAMOS



¡Con qué ganas nos tomábamos el uno al otro!
nos asaltábamos bajo fuego enemigo
y reíamos al ver caer nuestra propia ceniza
expulsados de los paraísos
estábamos prohibidos por la cordura
les regalábamos abrazos a las piedras de los callejones
donde la luz éramos nosotros.
Llevábamos antorchas en los ojos
que prendían a los seres de paja
teníamos suerte a todo lo que jugábamos
nos tumbábamos con el pecho lleno
de algo parecido a la eternidad
estábamos poseídos el uno por el otro
y nadie nos podía salvar

Recorríamos el camino más largo
más vacío
más intenso
éramos lujo con destellos de lluvia
trozos de galaxia asfixiados por la gravedad
cada conversación nos metía más profundo
nos clavaba el uno en el otro
y dolíamos con toda la salud.


No pertenecíamos al mundo
resistíamos a la seducción de los incurables
creamos nuestro propio espacio
con ramitas de esperanza en cada vuelo
posábamos las manos sobre la música
que salía libre de nuestro cuerpo
carecíamos de sentido común
de orientación
de reglas
nos mentían
y reíamos
nos odiaban
y reíamos
nos ignoraban y ése era nuestro reino
gotas ardientes traídas del desierto.
Era como si los dioses más libres, más salvajes, más alejados del hombre, nos hubieran cedido su cielo.

Éramos peces con anzuelos en la boca
con los ojos abiertos no parecíamos muertos
saltábamos las vallas como una semilla de rebeldía
emitiendo mensajes urgentes para que no vinieran a buscarnos.

Éramos un surtidor de sangre
que golpeaba los muros de contención
Las preguntas eran pompas que explotaban a nuestros pies

nos defendíamos espalda con espalda
y nos curábamos frente a frente
nuestra naturaleza daba miedo porque borraba los límites
habíamos venido el uno a por el otro
atraídos por una fe cegadora
descubierta en el fondo del vertedero.

Sosteníamos al mundo
estábamos sujetos a él por una cuerda
que podíamos cortar en cualquier momento.
Algo profundo nos sumergía
y de pronto nos soltaba y ascendíamos como dos habitantes del aire.

Éramos algo inexplicable
que quedó encerrado tras una roca granítica
que de vez en cuando
aún trato de empujar para entrar
cuando no entiendo nada
y sólo quiero huir
hacia algo aproximado a ti.


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